El murmullo de Barcelona empezaba a filtrarse por las cortinas, un recordatorio sutil de que el mundo seguía girando a pesar de que el nuestro se había detenido en aquel balcón. El aire de la mañana traía consigo el aroma a café y a la panadería de la esquina, un contraste embriagador con el olor a sábanas revueltas y a nosotros que aún impregnaba la estancia.
James se levantó primero. Lo vi caminar hacia la pequeña mesa del rincón, su figura recortada contra la luz que se colaba por los ventana