Capitulo 20
La habitación principal era un refugio de seda y penumbra, pero para mí, aquella noche, se sentía como una celda dorada. Parker me había recostado sobre la cama como si fuera una muñeca de porcelana a punto de quebrarse. Sus manos, que antes de nuestra boda solían ser distantes, ahora se movían con una eficiencia clínica y una suavidad que me resultaba extrañamente perturbadora.

—¿Dónde está Emma? —pregunté, con la voz apenas audible a través de los labios hinchados. El eco de la bofetada de mi
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