Carlos esperaba una respuesta de mi parte, negué y ellos estaban expectantes.
—Nunca la acepté, sigue a nombre de mi madre, cuando ella muera pasará a mí por ley, aunque apenas me divorcie la vieja Elsa me la entregará feliz. En su momento se lo entregué a ella, solo administro y es mi madre me paga un sueldo.
—¡Eres mi ídolo! —comentó José Eduardo.
—Carlos, necesito divorciarme, ya. —En ese momento llegaron Mercedes, Jenaro y mi hijo con las bolsas del mercado.
—Papiiii —Ernesto corrió haci