Tengo el cuerpo desnudo de mi mujer en mis brazos, ¡Dios! Como amo a mi mujer, comencé a darle besos por la espalda hasta llegar a sus nalgas, comenzó a moverse.
—Señora Orjuela, despierte, la invito a tomar un baño, son las seis y debemos pasar por los niños.
Le mordí suavemente el pezón, ya estaba duro de nuevo, pero anoche hicimos el amor tres veces, nos acostamos quién sabe a qué hora de la madrugada.
—¿Me cargas? —sonreí, la cargué, rodeó sus largas piernas en mi cintura, con la lactancia