No iba a negar que me sentía nerviosa por el día de hoy, y no porque el novio no aparezca, era solo por el recuerdo de la muerte de papá. En esta ocasión le pedí a Ezio que me entregara en esta ocasión y él estaba feliz de llevarme al altar.
—¿Ya estás lista?
Afirmé, me había arreglado en la casa de Maju, queda más cerca de la iglesia del padre Castro y la celebración sería en la casa del señor Amín Abdala, algo familiar y como era la casa con un patio inmenso, decidimos celebrarlo ahí. Nuestro