El rugido de las hélices del helicóptero de los Cavendish no solo cortaba el aire saturado de humedad del jardín botánico, sino que parecía rasgar la realidad misma de Elara. El estruendo era una barrera sónica que separaba su vida de miseria y tortura de un futuro que olía a una libertad teñida de incertidumbre.
Dante permanecía estático frente a ella, una figura de granito oscuro recortada contra el resplandor de las luces de emergencia del invernadero. Su mano seguía extendida, una orden