Elara soltó una carcajada limpia y sonora, negando con la cabeza ante la extravagancia típicamente posesiva y desmesurada de su esposo. Dante Vance no conocía el término medio; si iba a ser un día familiar, se ejecutaría bajo sus propios términos de poder absoluto. Él no se adaptaba al mundo; obligaba al mundo a adaptarse a las necesidades de los suyos.
La mañana siguiente se presentó como un lienzo perfecto: un cielo azul radiante, libre de nubes, y un sol dorado que iluminaba los intrincad