Un resplandor grisáceo, el heraldo tímido del amanecer, comenzó a filtrarse por los bordes del gran ventanal de la habitación principal. Elara abrió los ojos despacio, sintiendo de golpe el peso de la realidad y el calor abrasador que la rodeaba. El aire acondicionado de la estancia mantenía el ambiente fresco, pero la piel de ella seguía encendida. Estaba completamente atrapada contra el cuerpo de Dante. Su brazo fuerte y musculoso la rodeaba por la cintura con una firmeza posesiva que inclus