Lo más rápido que pudo, Leyla cruzó la puerta de su habitación. Apenas dio dos pasos dentro cuando el sonido agudo de su teléfono rompió el silencio del lugar, alertándola de una nueva notificación.
Suspiró con cansancio y tomó el dispositivo entre sus manos. La pantalla iluminó su rostro mientras revisaba el aviso. Eran dos correos electrónicos provenientes de un remitente desconocido. En el primero solo aparecía el nombre de un parque ubicado a casi una hora de donde se encontraba, y en el seg