Una semana después…
Leyla se removió aun con los ojos cerrados cuando sintió algo suave y esponjoso en su rostro. Durante unos segundos permaneció entre el sueño y la vigilia, intentando entender qué era aquella sensación tibia que cosquilleaba su nariz. Sonrió de manera inconsciente cuando la pequeña bola de pelo que descansaba sobre su cara comenzó a ronronear con más intensidad, como si celebrara su despertar. Aun así, no la movió de su lugar.
“Alguien amaneció mucho mejor hoy”, pensó con cie