Su cuerpo dolía. No como después de una herida, sino como tras una transformación incompleta. Cada músculo estaba tenso, alerta, y su piel parecía demasiado sensible al aire.
—Bien —murmuró—. Eso es nuevo.
Se incorporó y pasó una mano por el cuello, notando el pulso acelerado. El vínculo estaba más… presente. No invasivo. Pero sí más claro, como si alguien hubiera limpiado un cristal empañado.
Se levantó y abrió la puerta de la habitación.
Aron estaba en la cocina, otra vez despierto antes que e