Era lo que significaba.
Se acercó, levantó la mano y dibujó con el dedo una línea imaginaria sobre su pecho.
—Aquí —susurró—. Donde el alfa y el hombre se cruzan.
El pulso de Aron se aceleró.
Leyla sacó una pequeña hoja envuelta en tela. No metal moderno. Hueso pulido.
—No te muevas.
—No lo haré.
Cuando la hoja cortó la piel, fue rápido. Preciso. La sangre brotó oscura, caliente. El olor llenó el aire de inmediato, despertando algo salvaje en ambos.
Leyla apoyó la mano manchada de sangre contra