Se alejó unos pasos, caminando descalza por el salón, como si necesitara espacio para decir lo siguiente.
—No puedo enfrentar a mi manada como parte de la tuya —dijo—. Eso convertiría esto en una guerra abierta.
—Ya lo es —replicó Aron.
—No —insistió ella—. Aún no. Si aparezco como *tu* compañera… mi padre usará eso. Te provocará. Te obligará a reaccionar como alfa.
Aron apretó la mandíbula.
—¿Qué propones entonces?
Leyla se detuvo frente a él.
—Que no me marques.
El silencio cayó como un golpe.