DANTE
Me quedé quieto.
La mano cerrada sobre el picaporte, pero sin apretar. La voz de Rebeca traspasó la puerta como si me hablara a mí, no a ella.
—¿Lo has visto después de la fiesta de compromiso?
Estuve a punto de entrar. A punto de mandarla al carajo. De interrumpir ese interrogatorio que no le correspondía. Pero esperé.
No por prudencia o cobardía. Lo hice para escuchar su respuesta.
—No soy tonta, Harper —continuó Rebeca, sin dejarla hablar de una jodida vez— Desde que ese hombre vo