CAPÍTULO 24.
La vigilancia.
Sofía Owen.
La vigilancia, para mí, no fue un acto de mera curiosidad; fue una medida —rígida, calculada— que se colocó entre mis manos como un instrumento de defensa. No lo llamé entonces así; lo llamé deber. Debía asegurar el legado, la posición, la idea del porvenir que mi madre y la madre de Elián alimentaron como la cosecha más preciada. Si la imaginación me había provisto de estrategias, la información me dio poder. Y el poder que no se revela suele ser el más dañino.
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