Los nombres que me robaron
Elián Moretti
El silencio se sentía distinto esa noche.
Era más denso, más afilado.
Como si el aire supiera que estaba a punto de escuchar algo que cambiaría todo mi mundo.
Me pasé las manos por el rostro. No había dormido. Ni lo intenté.
Desde que crucé aquella puerta, dejándola a ella —a mi madre— con sus palabras venenosas flotando en el aire, mi cabeza era una tormenta sin fin.
Cada frase suya me seguía repitiendo en bucle: «esos bastardos deben quedarse en el a