El calendario colgado en la cocina volvió a marcar el 31 de diciembre, pero esta vez nadie estaba seguro de qué año era.
No era como la primera vez que el tiempo se había detenido. Entonces había sido una espera, una pausa, un respiro antes de la pregunta que faltaba. Ahora era diferente. Ahora el tiempo no se había detenido. Se había vuelto redondo.
—Mira —dijo Sol una mañana, señalando el jardín desde la ventana—. Las flores del árbol nuevo están igual que ayer. Y que anteayer. Y que la seman