El nuevo árbol creció durante todo el verano, y con él, algo en el fiordo comenzó a cambiar.
No era un cambio brusco. Era lento, como el deshielo en primavera, como el brote de las hojas después del invierno. Pero Alma lo sentía en la tierra, en el aire, en la forma en que las piedras de la orilla se movían sin que nadie las tocara.
—Se está preparando —dijo una tarde, con las manos enterradas en la tierra alrededor del nuevo árbol.
—¿Preparando qué? —preguntó Sol.
—Un lugar. Para los que no vo