La primavera de 2070 llegó con una lluvia que no cesó durante tres semanas.
El fiordo creció, los senderos se volvieron barro, y los arbustos del jardín, que habían florecido con la partida de Lena, ahora se mecían empapados bajo un cielo gris. Alma pasaba las horas mirando por la ventana, con la mirada perdida en el agua que caía sin pausa.
—¿En qué piensas? —le preguntó Sol, sentándose a su lado.
—En ella. En lo que dejó. En lo que no dijo.
—Lo dijo todo.
—No. Algo guardó. Lo siento.
Los días