El invierno de 2069 se instaló en el fiordo con una suavidad que nadie supo explicar.
No hubo tormentas, no hubo noches demasiado largas. La nieve caía en silencio y se quedaba donde debía, sin acumularse en los caminos, sin enterrar los arbustos del jardín. Era como si el invierno supiera que este año era diferente. Como si el fiordo mismo estuviera esperando.
Lena lo sintió antes que nadie. Desde hacía meses, su cuerpo se movía más despacio, sus palabras llegaban después de una pausa más larg