El invierno de 2052 se instaló con una quietud que invitaba a la reflexión.
Erik había cumplido trece años, y con la adolescencia llegaron nuevas preguntas, más profundas, más complejas. Ya no bastaba con saber qué había al otro lado; ahora quería entender el propósito, el significado, el "para qué" de todo aquello.
—¿Por qué nosotros? —preguntaba a menudo—. ¿Por qué nuestra familia fue elegida para esto?
—No lo sé —respondía Leo—. A veces creo que no fuimos elegidos. Solo estábamos allí cuando