El otoño de 2051 encontró a la familia de vuelta en la cabaña del bosque sueco, pero nada volvería a ser igual.
Las luces que habían traído del otro lado —las semillas de luz— descansaban ahora en la repisa de la chimenea, junto a las reliquias de tantos años. La de Erik, dorada; la de Lena, plateada; las de Leo, Yuki, Risten y Alina, de colores imposibles de describir. Once objetos ahora. Once mundos. Once historias.
—Parecen contentas ahí —dijo Lena una tarde, mirando la repisa—. Como si estu