La primavera de 2053 llegó con una explosión de vida que parecía bendecir cada rincón del bosque.
Erik había cumplido catorce años, y con ellos una nueva etapa de preguntas más profundas, más filosóficas. Ya no bastaba con saber qué había al otro lado; ahora quería entender el propósito último de todo aquello.
—¿Para qué existe la luz? —preguntaba a menudo—. ¿Por qué nos muestra cosas? ¿Qué gana con ello?
—Quizás no gana nada —respondía Leo—. Quizás solo es. Como el mar, como las montañas, como