La primavera de 2051 avanzaba con una lentitud que a Erik le resultaba insoportable.
Desde aquella visión en el bosque, la idea del viaje al Monte Janus no abandonaba sus pensamientos. Anotaba todo en su diario: las palabras del abuelo, las sensaciones, las preguntas sin respuesta. Pero pasaban las semanas y nada ocurría. Ninguna señal. Ninguna llamada.
—Tranquilo —le decía Lena, con esa calma que la caracterizaba—. Llegará cuando tenga que llegar.
—¿Y cómo lo sabes?
—Porque ellos me lo dicen.