La puerta se abrió sin sonido, sin estruendo, sin luz cegadora. Simplemente, el hielo se volvió transparente, y luego desapareció, dejando ante nosotros un pasaje que no estaba hecho de materia, sino de posibilidad.
El niño fue el primero en cruzar. No dudó, no miró atrás. Caminó hacia adelante con esa certeza que solo tienen los que han visto la luz desde que nacieron. Detrás de él, Kael, fiel guardián. Luego Risten, con su tambor. Erik, con su experiencia polar. Lena, con su mano en la mía. Y