El deshielo llegó con una furia contenida.
El fiordo se quebró en una sola noche, como si el invierno hubiera estado esperando el momento exacto para soltar su presa. Los témpanos navegaban hacia el mar abierto, llevándose consigo los últimos restos del frío. Los pájaros volvieron, llenando el aire con sus cantos desordenados, y las laderas comenzaron a verdear con una urgencia que parecía decir: "No hay tiempo que perder".
Lena y yo recibimos la primavera con nuestro ritual de siempre: la cami