Nunca, nunca debí asistir a esa cita —se repetía Leonor, sintiendo cómo las palabras de Emily aún golpeaban su pecho como un martillo. Su mundo se desmoronaba ante sus ojos por una simple casualidad.
Sus lágrimas bajaban por sus mejillas con el deseo que todo fuera una pesadilla del cual iba a despertar por la mañana.
—Esto nunca debió pasar, nunca debí trabajar para Emily. ¿Como se me ocurrió trabajar en esa empresa? —Sé lamentaba en susurros qué solo ella podía escuchar.
Al llegar a cas