Leonor fue la primera en abrir los ojos.
Por un instante no se movió, no respiró, solo sintió el peso cálido de un brazo rodeando su cintura, el pecho de Gabriel apoyado en su espalda, y el ritmo lento de su respiración contra su cuello.
Recordó las escenas de la noche anterior y su cuerpo se estremeció, Gabriel estaba allí, a su lado, habían hecho el amor como nunca antes.
Sonrió ampliamente, no sentia arrepentimiento o alguna sensación de desaprobación, si no, orgullo y felicidad.
Cerró los