La tarde estaba perfecta para un respiro. Después de días intensos, de emociones y demás, Gabriel quiso sacar a Leonor y a Clara al parque del centro, ese con los árboles enormes y los columpios viejos que siempre estaban llenos de niños.
Clara corría entre las flores, riendo, mientras Leonor la perseguía con la cámara del celular intentando grabar cada gesto. Gabriel observaba la escena desde la banca, con esa sensación cálida y rara de por fin tener algo parecido a la paz.
—No puedo creer que estemos así —dijo Leonor, sentándose junto a él—. Hace unas cuantas semanas todo era enredo
—Y ahora está empezando a tener forma —respondió Gabriel, tocándole la mano con suavidad—. Igual falta camino, pero vamos juntos.
Leonor apoyó la cabeza en su hombro. Por primera vez en meses, se sintió ligera.
Clara se acercó corriendo con una flor en la mano.
—¡Mami, papi, miraaa! —dijo, con esa mezcla dulce de palabras mal pronunciadas.
Leonor se inclinó para recibir la flor, riéndose.Gabriel la obse