La tarde estaba perfecta para un respiro. Después de días intensos, de emociones y demás, Gabriel quiso sacar a Leonor y a Clara al parque del centro, ese con los árboles enormes y los columpios viejos que siempre estaban llenos de niños.
Clara corría entre las flores, riendo, mientras Leonor la perseguía con la cámara del celular intentando grabar cada gesto. Gabriel observaba la escena desde la banca, con esa sensación cálida y rara de por fin tener algo parecido a la paz.
—No puedo creer que