Te quiero papi.
Los días siguientes tomaron un ritmo extraño: uno que Leonor jamás habría imaginado vivir con Gabriel, y que Gabriel había esperado, aunque fuera en secreto, desde el primer día que supo que Clara existía.
No fue de golpe. No hubo grandes escenas ni declaraciones. Fue más bien un tejido fino, hecho de pequeñas acciones constantes, de esos gestos que no hacen ruido, pero sostienen mundos enteros.
Y cada día, Gabriel añadía un hilo nuevo.
La primera vez que llegó después del trabajo, Leonor escu