La tarde comenzaba a caer cuando decidieron regresar. El cielo estaba pintado con tonos anaranjados y un viento suave recorría el jardín, moviendo los árboles como si quisieran despedirse. Clara sostenía aún la flor amarilla, medio marchita ya, pero la llevaba con la solemnidad de alguien que entiende la importancia simbólica de un objeto.
Leonor la cargó nuevamente, sintiendo cómo el peso suave de su hija le acomodaba el alma. El día había sido largo, agotador y emocionalmente removido, pero t