Clara solo miró a quien parecía ser su abuela paterna, aun tenía cierto recelo, pero estando su madre cerca de ella y su padre también, tenía seguridad qué no la dejarían sin el amor de su mamá.
Leonor respiró hondo mientras Clara seguía aferrada a su cuello, silenciosa, observando todo como si fuera una espectadora de un mundo nuevo que apenas empezaba a entender.
La casa estaba en completo silencio, todos expectantes a qué haría Clara o como refaccionaría al ver a su nueva familia.
Gabriel, sentado a su lado, mantuvo una postura firme, pero no tensa. Estaba atento a cada gesto de Leonor y a cada mirada de Clara, como si vigilar ese pequeño universo fuese su prioridad absoluta.
La madre de Gabriel, aún de rodillas frente a Clara, se limpió discretamente una lágrima antes de ponerse de pie.
—Si querés, podemos pasar al despacho y firmar —dijo ella, sin imponerse, midiendo cada palabra.
Gabriel asintió.
Leonor tragó saliva, ajustó el agarre sobre su hija y se levantó con calma.
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