Su madre viendo que ya nada se podía hacer decidió salir de la habitación y dejarlo solo.
La mañana llegó y Gabriell amaneció sin haber dormido realmente. La noche le había pesado como una piedra hundida en el pecho, quizás por la mezcla de sentimientos.
Caminó por la habitación como un hombre que no sabía bien cómo sostener todo lo que estaba ocurriendo, pero con la seguridad absoluta de que esta vez no iba a retroceder.
Clara, ese nombre le había dado vueltas en la cabeza durante horas, repi