La madrugada llega sin avisar, como llegan siempre las cosas que terminan de romper lo que durante horas se sostuvo apenas por inercia, y cuando Amara se da cuenta de que el cielo empieza a aclarar apenas detrás de los ventanales del salón, entiende que ya no puede seguir ahí, que el cuerpo le duele de una forma que no tiene nada que ver con el cansancio físico ni con los tacones ni con la tensión acumulada, sino con ese agotamiento más profundo que aparece cuando el alma se queda sin recursos para seguir fingiendo que todavía hay algo que salvar.
La música ya no suena, o suena tan bajo que apenas es un murmullo lejano, los invitados se han ido retirando de a poco, algunos abrazándose, otros despidiéndose con promesas que probablemente no cumplirán, y el espacio que horas antes estaba lleno de risas y movimiento ahora parece demasiado grande, demasiado vacío, como si la fiesta hubiera sido apenas una excusa para que ciertas verdades quedaran expuestas sin remedio.
Amara sostiene a uno