La mañana siguiente llega con un cielo gris que parece aplastar la ciudad bajo una capa de nubes pesadas, como si incluso el clima hubiera decidido reflejar el estado en que se encuentra el mundo de Amara Laveau, quien permanece sentada detrás de su escritorio con una pila de documentos abiertos frente a ella, intentando concentrarse en contratos, balances y reportes financieros que normalmente revisaría con una claridad impecable, pero que ahora se desdibujan frente a sus ojos porque cada líne