–¿Señorita… desea que la lleve a casa? –pregunta Kate en voz baja, pero firme, con los ojos clavados en los de Amara como si buscara una rendija en su armadura. No hay amabilidad en su tono, solo profesionalismo tenso, casi militar, pero también una chispa de incomodidad.
Amara tarda en responder. Su mirada se desliza lentamente hacia Úrsula, quien se encuentra mirando hacia la pared sobre la cama, sin una pizca de felicidad.
Sabe que debería decirle que sí, que puede quedarse con los otros