Narra Amara
Empiezo a cansarme del silencio antes de darme cuenta de que ya no me duele como al principio, y eso es lo que más miedo me da, porque el dolor, cuando existe, al menos confirma que algo importa, que hay una herida abierta, pero la costumbre, esa aceptación tibia del vacío, es mucho más peligrosa, porque convierte lo que debería doler en algo cotidiano, casi invisible, y así es como Liam y yo empezamos a ignorarnos sin necesidad de discutir, sin reproches explícitos, sin palabras hi