Narra Amara
Empiezo a cansarme del silencio antes de darme cuenta de que ya no me duele como al principio, y eso es lo que más miedo me da, porque el dolor, cuando existe, al menos confirma que algo importa, que hay una herida abierta, pero la costumbre, esa aceptación tibia del vacío, es mucho más peligrosa, porque convierte lo que debería doler en algo cotidiano, casi invisible, y así es como Liam y yo empezamos a ignorarnos sin necesidad de discutir, sin reproches explícitos, sin palabras hirientes, simplemente funcionando como dos personas que comparten un espacio, una historia y unos hijos, pero no un presente real.
Al principio contaba los minutos esperando que él volviera, que cruzara la puerta con alguna excusa para hablar, para discutir incluso, porque cualquier cosa era mejor que esta calma falsa, esta distancia educada, pero con el paso de los días dejo de esperar, dejo de preguntar, dejo de buscar, y sin darme cuenta empiezo a organizar mi vida como si su ausencia fuera u