Narrador omnisciente
Sophie regresa a la empresa Laveau un lunes por la mañana, cuando el edificio todavía conserva ese silencio artificial que solo existe antes de que empiece el verdadero movimiento, antes de que las decisiones importantes se tomen, antes de que los errores se disfracen de urgencias inevitables, y apenas cruza la puerta de cristal siente que vuelve a un lugar que conoce demasiado bien, uno que la ha visto crecer profesionalmente, equivocarse, aprender y, sobre todo, observar.