Narra Liam
Al día siguiente despierto con la sensación persistente de no haber dormido en absoluto, aunque sé que mi cuerpo estuvo tendido varias horas sobre la cama, inmóvil, con los ojos cerrados y la mente completamente despierta, girando una y otra vez alrededor de pensamientos que no logro ordenar, imágenes sueltas de conversaciones inconclusas, silencios que pesan más que cualquier discusión abierta, y esa presión constante en el pecho que se ha vuelto habitual desde hace meses y que ya ni siquiera sé en qué momento exacto comenzó a instalarse como una presencia permanente.
Me levanto antes de que suene el despertador, no porque tenga energía sino porque permanecer acostado se ha vuelto insoportable, porque cada minuto quieto me obliga a enfrentar lo que evito durante el día, y camino hacia el baño con pasos lentos, mecánicos, observando mi reflejo en el espejo como si se tratara de alguien más, alguien a quien apenas reconozco, con ojeras marcadas, el rostro tenso y una expres