En el living, Amara está sentada en el suelo, con la espalda apoyada en el sillón, mirando a Lucero jugar con un puñado de juguetes que trajeron a toda velocidad en una mochila: una muñeca despeinada, un autito sin una rueda, un peluche gastado y un bloque de construcción que no encaja con nada, pero que la niña insiste en sumar a cualquier historia.
Lucero habla sola mientras hace que la muñeca conduzca el auto y el peluche sea un perro guardián que ladra cada vez que alguien se acerca. Amara