Horas después
La noche termina de caer. La casa se apaga de a poco: una luz del cuarto de Lucero, otra en el pasillo, la del baño que se enciende y se apaga, la de la cocina que queda en penumbra. Afuera, el campo es una masa homogénea de oscuridad, apenas señalada por las luces de las cámaras de seguridad y algún reflejo lejano.
Amara sale al pequeño porche de adelante con una taza de té entre las manos. Necesita aire, aunque el aire de la noche traiga frío. Respira profundo, abraza con un b