La tarde cae lenta sobre el refugio, con esa luz anaranjada que entra por las ventanas y convierte el polvo en pequeñas partículas visibles que flotan en el aire, como si el tiempo mismo se hubiera detenido ahí adentro. El campo alrededor está en silencio, apenas interrumpido por algún pájaro lejano y el rumor del viento chocando contra los árboles. Adentro de la casa, sin embargo, el silencio no es paz: es tensión contenida, conversaciones pendientes, miradas que se cruzan y se esquivan, cansa