Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, lejos del ruido doméstico, de los silencios tensos del hogar y de la distancia que se ha instalado entre ella y Liam sin necesidad de palabras, Amara camina por los pasillos de la empresa con la seguridad que siempre la ha caracterizado, esa postura erguida que aprendió a sostener desde joven, cuando entendió que en el mundo corporativo nadie regala respeto y que, si ella no se imponía, nadie lo haría por ella.
Sus tacones resuenan con firmeza sobre e