Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, lejos del ruido doméstico, de los silencios tensos del hogar y de la distancia que se ha instalado entre ella y Liam sin necesidad de palabras, Amara camina por los pasillos de la empresa con la seguridad que siempre la ha caracterizado, esa postura erguida que aprendió a sostener desde joven, cuando entendió que en el mundo corporativo nadie regala respeto y que, si ella no se imponía, nadie lo haría por ella.
Sus tacones resuenan con firmeza sobre el piso pulido, y a su paso los empleados la saludan con una mezcla de admiración y cautela, porque Amara Laveau no es solo una empresaria exitosa, es una mujer que impone presencia, que inspira y al mismo tiempo intimida, una figura que ha sabido levantar imperios desde cero y que nunca ha permitido que la subestimen por su género ni por su edad.
Sin embargo, bajo esa imagen sólida, bajo esa mujer que parece tenerlo todo bajo control, hay una grieta que nadie ve, una fisura que se abre cada vez