Narra Liam
No sé en qué momento empiezo a darme cuenta de que algo está mal, pero lo sé antes de poder explicarlo, porque mi cuerpo reacciona primero, como siempre, como si estuviera entrenado para detectar peligros que todavía no se manifiestan, y esa sensación incómoda, casi eléctrica, me recorre la espalda mientras reviso por tercera vez el reloj y confirmo que Astrid no está donde debería estar.
No contesta el teléfono.
No responde los mensajes.
Y eso, para mí, no es un simple descuido.
Astrid Henderson puede ser caprichosa, impulsiva, emocionalmente caótica incluso, pero no es imprudente, y mucho menos cuando se trata de su seguridad, porque sabe mejor que nadie que su apellido pesa tanto como una amenaza constante, que hay demasiadas personas interesadas en lo que representa y no en quién es realmente.
Respiro hondo y repaso mentalmente los últimos minutos, las últimas horas, cada movimiento, cada decisión, buscando el punto exacto en el que algo se salió de control.
La dejamos