Narra Liam
No sé en qué momento empiezo a darme cuenta de que algo está mal, pero lo sé antes de poder explicarlo, porque mi cuerpo reacciona primero, como siempre, como si estuviera entrenado para detectar peligros que todavía no se manifiestan, y esa sensación incómoda, casi eléctrica, me recorre la espalda mientras reviso por tercera vez el reloj y confirmo que Astrid no está donde debería estar.
No contesta el teléfono.
No responde los mensajes.
Y eso, para mí, no es un simple descuido.
Ast