Mientras el mundo sigue girando con la velocidad impersonal de las noticias que se actualizan cada segundo, Liam toma una decisión que no responde a la lógica sino a la necesidad urgente de no quedarse solo con sus pensamientos, porque hay dolores que, cuando no encuentran un lugar donde ser nombrados, terminan convirtiéndose en resentimiento, y él sabe que si se queda en casa esa noche, rodeado de silencios y recuerdos, algo dentro de él va a romperse de una forma que ya no podrá recomponer.
Conduce sin rumbo fijo durante varios minutos, dejando que las calles lo lleven casi por inercia, hasta que finalmente estaciona frente a la casa de Sophie, una vivienda modesta pero cálida, con luces encendidas y una calma que contrasta brutalmente con el caos interno que arrastra desde que vio esa imagen que no logra sacarse de la cabeza, porque aunque intente convencerse de que no significa nada, hay algo en su pecho que insiste en lo contrario.
Sophie abre la puerta antes de que él toque, com