HORAS ANTES DE LA DIVULGACIÓN DE LA FOTO
Amara no recordaba en qué momento exacto había dejado de sentirse dueña de su propia historia y había empezado a sentirse apenas un personaje dentro de una narrativa que otros escribían por ella, pero lo comprendió con una claridad incómoda cuando entró a la sala de reuniones del hotel y vio los rostros tensos de su equipo, los celulares apoyados sobre la mesa, las pantallas encendidas con titulares que se repetían como un eco cruel, porque ya no se trataba de rumores aislados ni de comentarios malintencionados, sino de una versión instalada, sólida, replicada, que la presentaba como algo que ella nunca había decidido ser.
Los portales hablaban de romance confirmado, de una fusión inminente, de una mujer poderosa que habría dejado atrás su matrimonio para comenzar una nueva etapa junto a un socio estratégico, y aunque Amara sabía, racionalmente, que la verdad era más compleja, más gris, más humana, el impacto no dejaba de ser devastador, porque