Kate hojea los papeles sin prisa, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Sus esposas tintinean con cada movimiento, pero ella actúa como si fueran pulseras finas. –¿No es obvio, Liam? –responde con una tranquilidad que le enerva. – Dejé todo bien atado. Era lo lógico… alguien debía proteger lo que construí.
–¿Proteger? –La voz de Liam retumba en la sala, cargada de incredulidad y rabia contenida. – Esto no es protección, Kate. Esto es una emboscada jurídica. Me has colocado como tu testafer