En la cabeza de Liam no hay espacio para nada más que la amenaza de Kate. Sus palabras se clavan como garras invisibles, repitiéndose con la precisión de un veneno bien dosificado, recordándole que no son simples advertencias. Él la conoce demasiado: cuando Kate promete algo, lo cumple… y tiene gente afuera dispuesta a ejecutar cualquier orden sin titubeos. Esa certeza le arde en el pecho, un peso que lo empuja a moverse antes de que sea demasiado tarde.
No se detiene a pensar en un plan, no ha