–¡Basta, Kate! ¡No digas estupideces! –grita Úrsula, dando un paso hacia Cristóbal como si con su cuerpo pudiera sellar una verdad que ya se desmorona. – Él me ama a mí. ¡Solo a mí! –agrega con una mezcla de furia y miedo, buscando desesperadamente algo de control en el caos.
Kate, con la mirada desquiciada, sonríe de lado, desencajada, casi sin humanidad. –Entonces van a morir juntos –escupe con una calma helada, mientras le quita el seguro a la pistola. –Por traidores. Por mentirosos. Por cr