Ares estaba satisfecho con las reacciones de Alicia. Sabía muy bien que ella había llegado con la única intención de menospreciar a su hermana, pero él jamás permitiría que eso sucediera. No importaba lo que estuviera sintiendo por dentro, ni los recuerdos que ella removiera: Agnes era su esposa. Y eso, para él, era sagrado.
Alicia estaba herida, y no lo ocultó. Quería que Ares viera todo lo que aún le hacía sentir, así que dejó caer unas lágrimas silenciosas por su rostro. Eso lo sorprendió. A